Los filtros retienen polvo, polen y partículas. Cuando se saturan, el equipo trabaja más para mover el aire: sube el consumo y baja el rendimiento.
En uso normal, conviene limpiar los filtros cada 3-4 semanas durante la temporada de uso intensivo. En entornos con mascotas, obras u oficinas con mucho tránsito, conviene hacerlo con más frecuencia.
La limpieza básica la puede hacer el usuario: extraer los filtros, aspirar el polvo y lavarlos con agua templada, dejándolos secar bien antes de volver a colocarlos.
Una o dos veces al año conviene una limpieza profesional más a fondo (baterías, turbina y bandeja de condensados) que el usuario no puede realizar con seguridad.
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